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Poesía - Flavia Falquez

1 abr
2 min de lectura


EL POSO DE LO NO VIVIDO


¿Dónde estará mi vida, la que pudo 

                               haber sido y no fue(...)?

  

                                                       Jorge Luis Borges


¿Dónde van los instantes no vividos,

esos momentos que sin existir 

marcan para siempre 

el transcurrir de nuestros días?

 

¿En qué remoto desván reposan

el amor que se quedó en querencia,

el beso que no afloró a los labios,

la caricia detenida, 

las palabras nunca dichas,

el poema en un suspiro?

 

¿Dónde quedaron esas versiones de mí

que nunca maduraron;

las infinitas posibilidades

las ciudades no elegidas,

las horas desperdiciadas, 

los voluntarios abandonos?

 

¿En qué incierto lugar persisten

los riesgos que no asumimos,

los viajes no realizados,

el puente que no cruzamos,

las calles, las esquinas, las casas

a las que nunca llegamos?

 

¿Dónde va el poso de lo no vivido,

todo aquello que no tiene

asidero en la memoria 

ni consuelo en el recuerdo?

¿En qué bucle de tiempo

permanecen vírgenes, intactos, inocentes

esos momentos irreales

que aún sin existir 

son los forzosos alfareros 

de la dúctil arcilla 

que moldea nuestra vida?






MONTAJE


Hacer con el naufragio

una secuencia;

recuperar las escenas del desastre,

el barco escorado a sotavento,

las olas golpeando la cubierta,

el cuerpo vencido entre la espuma.


Ordenar cada fotograma y mostrar las profundidades del abismo,

el pie enredado entre las jarcias,

el miedo a no alcanzar la superficie,

el tajo abierto en el costado,

la sangre agotando los segundos.


Montar los planos

para ocultar el desaliento,

la sal secándose en la herida,

el voluntario abandono a la corriente,

la soledad encima del madero,

los ojos midiendo la distancia,

el horizonte esfumándose a lo lejos.


Recuperar las tomas

con el inicio del rescate,

los brazos luchando en la resaca,

el entusiasmo de la orilla presentida,

la cicatriz roja en el salitre,

los pasos vacilantes en la arena,

la vida abriendo paso

entre las venas.


Hacer una nueva secuencia

con el cuerpo vencido,

la herida abierta,

la fría soledad de la marea,

el inicio del rescate,

el consuelo de la orilla

y guardar muchas copias

para no olvidar nunca

cómo sobrevivir a los naufragios.






VANA AÑORANZA


Ahora que comienzan

a desvanecerse los años,

como imágenes difusas

de un negativo velado,

sé que ya no recuerdo 

las voces más amadas,

ni el regazo dulce

en el que se refugió mi miedo

 

He olvidado el sabor

de los frutos de la infancia:

El ácido verdor de las ciruelas,

las peras inventadas por el trópico, 

la madurez exacta de los nísperos. 

 

Todo son vanas añoranzas.

Inciertas letanías 

que no alcanzo a atrapar

con la memoria. 

¿Cómo recuperar ciertas caricias,

el beso justo, los insólitos paseos

ese olor a sal inaugurando la mañana

y el mar, siempre constante,

a la vuelta del camino?

 

¿Cómo volver a la luz diáfana 

de ese diciembre 

acunado por la brisa,

y revivir la escalinata, 

el corredor

la suave penumbra de mi casa?

 

Ahora que comienzan 

a borrarse los recuerdos,

como huellas deshechas

en una playa olvidada,

sé que voy despidiendo los albores,

un territorio ajeno a toda muerte

último destello de aquello que fue mío 

y hoy desaparece fugaz,

entre las sombras.



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