Poesía - Flavia Falquez
EL POSO DE LO NO VIVIDO
¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue(...)?
Jorge Luis Borges
¿Dónde van los instantes no vividos,
esos momentos que sin existir
marcan para siempre
el transcurrir de nuestros días?
¿En qué remoto desván reposan
el amor que se quedó en querencia,
el beso que no afloró a los labios,
la caricia detenida,
las palabras nunca dichas,
el poema en un suspiro?
¿Dónde quedaron esas versiones de mí
que nunca maduraron;
las infinitas posibilidades
las ciudades no elegidas,
las horas desperdiciadas,
los voluntarios abandonos?
¿En qué incierto lugar persisten
los riesgos que no asumimos,
los viajes no realizados,
el puente que no cruzamos,
las calles, las esquinas, las casas
a las que nunca llegamos?
¿Dónde va el poso de lo no vivido,
todo aquello que no tiene
asidero en la memoria
ni consuelo en el recuerdo?
¿En qué bucle de tiempo
permanecen vírgenes, intactos, inocentes
esos momentos irreales
que aún sin existir
son los forzosos alfareros
de la dúctil arcilla
que moldea nuestra vida?
MONTAJE
Hacer con el naufragio
una secuencia;
recuperar las escenas del desastre,
el barco escorado a sotavento,
las olas golpeando la cubierta,
el cuerpo vencido entre la espuma.
Ordenar cada fotograma y mostrar las profundidades del abismo,
el pie enredado entre las jarcias,
el miedo a no alcanzar la superficie,
el tajo abierto en el costado,
la sangre agotando los segundos.
Montar los planos
para ocultar el desaliento,
la sal secándose en la herida,
el voluntario abandono a la corriente,
la soledad encima del madero,
los ojos midiendo la distancia,
el horizonte esfumándose a lo lejos.
Recuperar las tomas
con el inicio del rescate,
los brazos luchando en la resaca,
el entusiasmo de la orilla presentida,
la cicatriz roja en el salitre,
los pasos vacilantes en la arena,
la vida abriendo paso
entre las venas.
Hacer una nueva secuencia
con el cuerpo vencido,
la herida abierta,
la fría soledad de la marea,
el inicio del rescate,
el consuelo de la orilla
y guardar muchas copias
para no olvidar nunca
cómo sobrevivir a los naufragios.
VANA AÑORANZA
Ahora que comienzan
a desvanecerse los años,
como imágenes difusas
de un negativo velado,
sé que ya no recuerdo
las voces más amadas,
ni el regazo dulce
en el que se refugió mi miedo
He olvidado el sabor
de los frutos de la infancia:
El ácido verdor de las ciruelas,
las peras inventadas por el trópico,
la madurez exacta de los nísperos.
Todo son vanas añoranzas.
Inciertas letanías
que no alcanzo a atrapar
con la memoria.
¿Cómo recuperar ciertas caricias,
el beso justo, los insólitos paseos
ese olor a sal inaugurando la mañana
y el mar, siempre constante,
a la vuelta del camino?
¿Cómo volver a la luz diáfana
de ese diciembre
acunado por la brisa,
y revivir la escalinata,
el corredor
la suave penumbra de mi casa?
Ahora que comienzan
a borrarse los recuerdos,
como huellas deshechas
en una playa olvidada,
sé que voy despidiendo los albores,
un territorio ajeno a toda muerte
último destello de aquello que fue mío
y hoy desaparece fugaz,
entre las sombras.


