El desengaño, la desilusión, el abandono y el desamor en la música del Gran Caribe
Por: Epifanía Morales
En una sociedad como la nuestra, globalizada y multicultural, se creería necesario poder acceder a la información sobre identidad cultural, cultura popular, patrimonio cultural y de la música que atraviesa fronteras, que identifica a las diversas generaciones que nos han precedido. En la medida de lo posible este artículo propende por valorar el patrimonio cultural musical del Gran Caribe y su impacto en la sociedad cotidiana; o viceversa, el impacto de la prosaica cotidianidad en las letras y composiciones de la música del Gran Caribe, en específico: el desengaño, la desilusión, el desamor y el abandono en las composiciones que acompañaban los grandes éxitos.
Para esto es fundamental el desarrollo de la comprensión e interpretación de textos en audio, que lleven al oyente a aprender, investigar e interpretar las letras de canciones populares caribeñas con contenidos sociales que marcaron varias generaciones como patrimonio cultural del Gran Caribe; así las cosas, no abordaremos lo que siempre han revisado e investigado los musicólogos, como los sones o los boleros y sus intérpretes, sino lo que insinúan, sugieren e indican sus composiciones.
Este artículo plantea que las diversas músicas y sones generados en el Gran Caribe, presentan diversas situaciones cotidianas, cuyos habitantes aprendieron a cantar y bailar para acompañar sus querencias y sentimientos en el diario vivir. Así las cosas, López Cano (2005) habla de:
La noción de apropiación, bricolage, transnacionalismo, reterritorialización y el papel que juega la música en los procesos diaspóricos, aclaran algunas de las complejas operaciones registradas por los inmigrantes latinos en Nueva York para construir una música identitaria y con gran éxito comercial, a partir de la herencia de la potencia musical hegemónica del caribe, Cuba, cuya música ya había sido apropiada por los protagonistas de la salsa antes de llegar a Nueva York. La salsa no es un género musical. Es un fenómeno cultural que lo excede y del cual podemos aprender mucho.1
Mi breve ensayo no se queda en el macrosuceso económico-social de la diáspora, sino que entra a presentar este fenómeno cultural que expresa el desengaño, el abandono, la desilusión y el desamor como los experimentados por cada uno de los oyentes a través de un fenómeno de apropiación de los sentimientos de los caribeños en dicha diáspora, específicamente.
Pongamos de ejemplo, la poesía de Kalaff Pérez llevada a la música:
Aunque me cueste la vida
Sigo buscando tu amor
Te sigo amando
Voy preguntando
Dónde poderte encontrar
Aunque vayas donde vayas
Al fin del mundo me iré
Para entregarte
Mi cariñito
Porque nací para ti2
La desesperación por alcanzar el amor que se va, que no alcanza todavía el desengaño, aunque represente la partida y la lejanía, lo inalcanzable, lo imposible, el destierro y la emigración.
Veamos otro ejemplo: la composición de Armando Manzanero, grabada en 1968 y reencauchada por Celia Cruz en el 2008, sigue vigente en el 2026:
Esperaré a que sientas nostalgia por mí
A que me pidas que no me separe de ti
Tal vez jamás seas tú de mí
Mas yo, mi amor, esperaré
Que mi presencia sea el mundo que quieras sentir
Que un día no puedas sin mi amor vivir3
La nostalgia del abandono, de la renunciación a largo plazo, del devenir por otros caminos, pero con la esperanza intacta. Este tipo de temas se popularizó en los 50s y los 60s, justo el momento en que crecía la migración hacia el norte buscando huir de las malas condiciones de vida de Latinoamérica para buscar nuevos horizontes en el norte anglosajón.
Esa maldita pared
Yo la voy a romper algún día
Para que no pueda más
Interrumpir nuestras vidas
No puedo mirarte
No puedo abrazarte
No puedo besarte
Ni sentirte mía
Mía nada más
Mía nada más4
La pared no es la que separa la casa, no es la que marca el abandono, es la frontera que impide que dos personas se junten, se unan, se abracen y se acaricien, como en toda cotidianidad, en el rincón de la habitación: la querencia.
Más fuerte que tu amor
Solo la muerte
Me estoy volviendo loca, loca, loca
Sin saber dónde te has ido
Si cuando me abrazabas y besabas
Me sentía tan querida5
Pero también existe, se canta y se vive el abandono, el sufrimiento de la partida, el llanto por el amor que no se recuperará más, el corazón roto:
Aunque tú me has echado en el abandono
Aunque tú has muerto todas mis ilusiones
En vez de maldecirte con justo encono,
En mis sueños te colmo,
En mis sueños te colmo de bendiciones
Sufro la inmensa pena de tu extravío
Siento el dolor profundo de tu partida
Y lloro sin que sepas que el llanto mío
Tiene lágrimas negras,
Tiene lágrimas negras, como mi vida6
La diáspora caribeña viaja hacia el norte, a México y Estados Unidos, donde se ha desarrollado una gran industria musical ya establecida en los 50s y ávida de ritmos del sur que puedan saciar a las masas que alimentan a ambos gigantes del norte; pero ante todo, es una diáspora nutrida de cubanos, mexicanos y puertorriqueños, todos arrastrando sus historias de vida personales que los llevan a composiciones de miserias emocionales, querencia, abandonos y desamor (Casanella Cué, 2005)7.
He besado otras bocas buscando
Nuevas ansiedades
Y otros brazos extraños me estrechan
Llenos de emoción
Pero solo consiguen hacerme
Recordar los tuyos
Que inolvidablemente vivirán
En mí8
Si yo pudiera borrar su vida, la borraría
Aunque quisiera, también así, borrar la mía
Al conocerla, nunca creí lo que decía
Pobre de mí, porque al quererla, me malquería
Soy malquerido por la mujer que yo más quiero9
“…la música cubana nos ha dotado a varias generaciones de latinoamericanos de un cobijo identitario entrañable y sabroso que disfrutamos donde quiera que el destino ubique nuestra morada. Va con nosotros y es parte nuestra como nosotros somos parte de ella (la música es la que en realidad nos posee…)”10, anota López Cano en su artículo.
Es más, yo insinuaría que los migrantes caribeños (o latinoamericanos), la gente común y corriente como usted, que me lee o como yo, admite que la música lo ha permeado hasta tal punto que la hemos hecho identitaria de nuestras cotidianidades prosaicas; pero que en manos de un poeta y un compositor estos sentimientos se vuelven sublimes cuando contribuyen a darle sentido lógico, afectivo, crítico y social a nuestras vidas, que además podemos bailar, abrazando sus desarraigos y desamores.
Mira, mi gran interés por la música no surgió especialmente por la música. No soy musicólogo ni historiador. Yo empiezo escribiendo unas entrevistas, unos textos, sobre una serie de músicos cubanos que tuvieron vidas muy dramáticas. Y es la vida personal del músico, relacionada con la noche, el sexo, el alcohol y, a veces, la droga, lo que me interesó.11
Así como le sucedió a Padura me pasó a mí. Yo no soy ni historiadora ni musicóloga, ni pretendo ser la preclara investigadora del conocimiento musical del Gran Caribe, ni siquiera de mi ciudad; en ningún momento este ensayo ha pretendido ser exhaustivo, pero sí una especie de recordación sobre lo que nunca se habla: las emociones que se han extrapolado a las composiciones y que forman parte del aporte musical y poético del Gran Caribe a la música popular del siglo XX.
En otra ocasión continuaré con otras letras, otras querencias y sentimientos como el olvido, el desamor, la historia de la sociedad, los bajos fondos y la militancia política.
Pie de páginas
López Cano, R. (2005). La salsa en disputa. Apropiación, propiedad intelectual, origen e identidad. Revista de Etnomusicología, 14-15. Consultada en: https://url-shortener.me/C045
Aunque me cueste la vida, del compositor dominicano Luis Kalaff Pérez, éxito popularizado en la voz de Alberto Beltrán y la Sonora Matancera en 1950.
Esperaré, compositor Armando Manzanero.
La pared, por el compositor puertorriqueño Roberto Angleró, famosa por la grabación de Roberto Ledesma.
Más fuerte que tu amor, del compositor cubano Luis Demetrio Traconis Molina.
Lágrimas negras, del compositor cubano Miguel Matamoros; lanzada por el Trío Matamoros en 1928.
Casanella Cué, L. (2005). Intertextualidad en las letras de la timba cubana. Primeros apuntes. TRANS- Revista Transcultural de Música 9. Revisado en: https://www.sibetrans.com/trans/articulo/168/intertextualidad-en-las-letras-de-la-timba-cubana-primeros-apuntes
Inolvidable, del compositor cubano, Julio Gutiérrez, 1944.
El malquerido, compuesto por el brasilero Waldik Soriano y popularizada por Javier Solís en 1963.
López Cano, R. (2005) “Del barrio a la academia. Introducción al dossier sobre timba cubana”. TRANS- Revista Transcultural de Música 9. Revisado en: https://www.sibetrans.com/trans/articulo/165/del-barrio-a-la-academia-introduccion-al-dossier-sobre-timba-cubana
Báez, J. A. (2021). El reguetón es el resultado del mal fermento social que vivimos. Una entrevista a Leonardo Padura. En: El Malpensante. Consultado en: https://url-shortener.me/C06K
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
López Cano, R. (2005). La salsa en disputa. Apropiación, propiedad intelectual, origen e identidad. Revista. de etnomusicología, 14-15. Consultada en: https://url-shortener.me/C045
Revista Transcultural de Música 9. Revisado en: https://www.sibetrans.com/trans/articulo/168/intertextualidad-en-las-letras-de-la-timba-cubana-primeros-apuntes
López Cano, R. (2005) “Del barrio a la academia. Introducción al dossier sobre timba cubana”. TRANS- Revista Transcultural de Música 9. Revisado en: https://www.sibetrans.com/trans/articulo/165/del-barrio-a-la-academia-introduccion-al-dossier-sobre-timba-cubana
Báez, J. A. (2021). El reguetón es el resultado del mal fermento social que vivimos. Una entrevista a Leonardo Padura. En: El Malpensante. Consultado en: https://url-shortener.me/C06K
COMPOSICIONES
Aunque me cueste la vida, del compositor dominicano Luis Kalaff Pérez; éxito popularizado en la voz de Alberto Beltrán y la sonora Matancera en 1950.
Esperaré, del compositor mexicano Armando Manzanero.
La pared, del compositor puertorriqueño Roberto Angleró, famosa por la grabación de Roberto Ledesma.
Más fuerte que tu amor, del compositor cubano Luis Demetrio Traconis Molina.
Lágrimas negras, del compositor cubano Miguel Matamoros, lanzada por el Trío Matamoros en 1928.
Inolvidable, del compositor cubano, Julio Gutiérrez, 1944.
El malquerido, compuesto por el brasilero Waldik Soriano y popularizada por Javier Solís en 1963.

