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Anormal


Por Enrique Borst

Argentina


Érase un científico que creó un mini-hombre. El mismo era proporcional a un hombre tipo. Era consciente y gozaba de todos los sentidos. La única diferencia radicaba en su estatura. ¿Acaso un ser anormal? ¿Un resultado del cientificismo? O como lo denominó su propio creador, un bicho de laboratorio.


 El bicho no medía más de cinco centímetros. Pero… ¿Qué haría este mini-hombre solo en un mundo de gigantes? El científico se lo preguntó y en breve llegó a una solución. Así introdujo al mini-hombre en una pecera especialmente diseñada, con un hábitat acorde a la altura de su creación. Entonces el científico le clavó su mirada y dijo: «Este es tu mundo. Vivirás aquí el resto de tus días. Serás un ser único y te amarás como narciso. Yo te di la vida y te daré la educación. Yo demarco los límites de tu dominio. Lo tuyo es tuyo mi pequeño amigo, y nadie te lo podrá quitar. Aquí dentro serás libre. La anarquía será tu regla y la soledad tu fatal destino». 

          

El científico lo visitó horas antes de morir. El bicho ya era un anciano. 


Éste había sido sin dudas su mayor creación. Ambos tenían una barba similar, blanca y larga. El bicho lo miró y algo los unió entonces. Quizás sus miradas solitarias y austeras. El científico pensó que el bicho sería su última imagen, entonces lloró. 


El bicho no lloró la muerte del científico.



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