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Amor a oscuras

El enamorado


Salió de la fábrica pensando en ella. Todo había pasado muy rápido, pero ya se sentía enamorado. Hacía un tiempo la había llevado a vivir a su casa y pasaba las jornadas laborales pensando en cuánto faltaba para volver a verla.


Se subió al colectivo tarareando “Cuando los Santos Vienen Marchando”.


Estaba contento. Decidió comprarle rosas. Aún no sabía si le gustaban, pero estaba seguro de algo: era la elegida. Sonreía solo. No podía dejar de pensar en ella.


Tocó el timbre y bajó del colectivo dando pequeños saltos, como un niño jugando.


Caminó con las rosas en la mano, imaginando su reacción. Tal vez podría convertirse en una rutina. Cada martes, seis rosas. Se imaginó viejo, ya jubilado, saliendo a comprarlas, mientras ella lo esperaba en casa. Con su madre también había tenido algo parecido.


Al recordarla, pensó en el florero. ¿Dónde estaba? Intentó reconstruir la cocina en su memoria. Le costaba recordar. De repente, lo vio. Seguía en el mismo lugar. Nadie lo había movido desde entonces. Sonrió.


Llegó a casa, abrió la puerta y se dirigió directo a la habitación. Estaba cerrada con llave.


La abrió.


Encendió la luz.


El amor


La luz se encendió de golpe. Sus ojos tardaron en acostumbrarse después de tantas horas a oscuras. Al principio solo distinguió una silueta en la puerta. Luego lo reconoció.


Era él.


¡El monstruo!


Miró sus manos. Traía rosas. Pensó en un funeral. 


No sabía cuánto tiempo llevaba allí. Los recuerdos eran confusos. Una noche, saliendo tarde del trabajo, él la había acorralado. Lo siguiente fue despertar en ese cuarto mugroso.


Él aparecía dos o tres veces al día. Le dejaba comida y agua. Otras veces solo se sentaba y la miraba.


Cuando ella gritaba, él cambiaba y la golpeaba. No sabía cómo comportarse. Cada error tenía consecuencias. Después de cada visita, él apagaba la luz y cerraba con llave.


Nunca imaginó que la oscuridad se volvería su aliada. El único momento en que no sentía miedo era cuando todo quedaba a oscuras.


Porque, al contrario que en las películas, el monstruo solo aparecía cuando se encendía la luz.

Acerca del autor
Francisco Salvatierra
Argentina - Finlandia

Francisco Salvatierra (1980) es un escritor argentino radicado en Helsinki, Finlandia.


Pasó su adolescencia escribiendo para…

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