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Carta de los lectores

Agosto 15 de 2.026


Señora Editora:

Adela de Castro

E.S.M.


Apreciada editora:


Veo que no ha desistido con este grupete de escritores desadaptados, que están fuera de los estándares que se esperan de los latinoamericanos, cuyos destinos oscilan entre el costumbrismo y el realismo mágico. Esto solo, ya transforma a la revista en un fortín de literatura bizarra. Y me perdonan el término anglosajón, pero se han dedicado a la raro y poco tan popular. ¡Y eso es bueno!


Apelando nuevamente a sus requerimientos en la convocatoria, le envió una carta nueva, pues parece que nuestras generaciones jóvenes no saben lo que significa el termino epistolar; y dejo ejemplo de este tan olvidado género con esta Carta de los Lectores. Espero que, en futuras ediciones, me sorprendan con más escribientes raros, obedientes a las voces en su cabeza.

  Hago pues un recuento de lo que me ha gustado de la segunda, y dejo al pendiente el comentario la tercera que para este entonces estoy ya en redacciones. Sin mayores dilaciones iniciamos.


De antemano, debo decir que los rótulos de los cuentos con bastante generales. La clasificación moderna permite acercamientos y preparaciones del espectador; así también, la levedad, hace interesante el camino de lo que se puede encontrar uno como lector. Por lo tanto, es válido en ambos casos.


Su primavera fue poco fructuosa, me atrevo a decir, pero no por eso no ha dejado cosas entrañables. Ya he notado que Álvarito es el patrono de los cuentistas de la revista y se le agradece sus intervenciones, tanto en relatos cortos con en microrrelatos. Con sus “Ruinas Artificiales”, fui transportado a alguna de esas casonas que trajeron ladrillo a ladrillo los árabes al barrio El Prado, pero un poco más gótico, afrancesado, bien construido como el plano de un buen arquitecto. Solo tengo que agregar que el descubrimiento y publicación de este escritor cartagenero nos trae felicidad a los adictos a la buena lectura nacional.


 Así mismo me sorprendieron los dos cuentos, del ya repetido hatajo de cuentistas que aparecen para dejarlo a uno boquiabierto. Así, Ronalito nos muestra una sucia película de terror costeño en “Animales para Sacrificio”, y desde esas líneas se puede percibir el olor a monte que transpira el relato, final salvaje y no digo más. Sigo con Alexito, que siguiendo una cultura muy distante a él, nos trae un western salpicado de alucinógenos; “Un Duelo casi Honorable” me suena al resultado matutino dominical de Jodorowsky, después de beber como cosaco.


Se rematan los cuentos con Petrona de los Santos Malasaña y su inolvidable “Inolvidable”, un thriller rastrero en donde se persigue al criminal con la justificación de su asesinato. ¿Se encumbra una nueva “reina del cuento negro” en Bestiario? ¿Acaso no va a intervenir, señora editora? Le recuerdo que su intervención con el “Malquerido”, dejo el cuento negro costeño muy por encima de lo normal. Quedo atento a ese conflicto.


Las plegarias de mi primera carta fueron escuchadas y en los microrrelatos volvieron a aparecer tanto Alvarito como la chinita Adela; tan reflexivas y sesudas sus intervenciones, que hacen que las ideas queden dando vueltas en un mismo lugar de pensamiento. Ramos Quesedo repite y repetirá por lo que veo, hasta que se le reconozca como el gran escritor que fue en este triste platanal. Gracias revista Bestiario por este aporte cultural tan valioso para la costa atlántica colombiana. El descubrimiento y difusión de un autor costeño adelantado a su tiempo.


Su parte Miscelánea ha tomado derroteros interesantes, empezando por la poesía en general. Los dos puntos de vistas de las poetas, quienes se encuentran en diferentes etapas de la vida, producen un contraste en lo que cada una quiere plasmar con cada palabra. Suerte tienen las bestias de tener a Flavia Falquez en una de sus entregas. En cuanto a la señorita Rodríguez, con suerte y no lunar, se le espera volver a leer por acá; si, porque los rayos como Falquez no caen dos veces en el mismo lugar.


Cierra con el ensayo, y si digo que cierro porque si analizo una carta mía sería muy ególatra de mi parte, con Epifania Morales. Estos nombrecitos sacados del sombrero del tiempo, y que nos indican como admirar de manera correcta, las letras y sentimientos del Caribe y sus islas, de cómo se encarnaron en melodías que a los jóvenes les suena a viejo, pero que a uno le suena a sabiduría popular “en botella”.


Cierro con el grandioso concepto de los cuadros envejecidos como parte de la identidad de los cuentos, en la casa que construyó Alvarito desde el principio para albergar las piezas de este tomo, aún muy soñador. Muy con las uñas...


Con todo y ello, debo recalcar la felicidad de ver este tipo de literatura tan avezada y rara en el Caribe colombiano. Esperaré a que el ego de los escritores, que es lo que sí tienen esto seres incomprendidos, no les haga tropezar en futuras entregas de tan maravillosos ejemplares con cuentos de estos calibres. Sin más que agregar, me despido.


Atentamente, 

Júpiter Cienfuegos

Avezado Lector / Critico de Medio Tiempo.

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